viernes, 30 de junio de 2017

El humo de Satanás

Todos los diarios del mundo han dado relevancia ayer a la decisión del cardenal Georges Pell de regresar a Australia para defenderse personalmente de los cargos de encubrimiento e, incluso, de abuso sexual con los que fue acusado en su país. No me cabe la más mínima duda que es todo una gran mentira urdida por las Fuerzas Oscuras y expandida por los medios de prensa que están a su servicio. El mismo purpurado dice que todo comenzó hace dos años y desde entonces ha sido permanentemente acosado por parte del periodismo. Curiosamente, hace justamente dos años el cardenal Pell cobró protagonismo durante el Sínodo sobre la Familia debido a su férrea defensa de los principios de la fe, y se comenzó a perfilar como papabile. No es la primera vez que los grandes, o pequeños, medios de difusión “guardan” la información de este tipo que poseen -verdadera o falsa-, para darla a conocer en el momento que mayor daño puede hacer. Es cuestión de repasar los hechos para comprobarlo.
Pero también ayer nos enteramos de otro hecho: la gendarmería pontificia descubrió en un departamento ubicado dentro de la Ciudad del Vaticano una “orgía homosexual con drogas” de la que participaba el ocupante del piso, un monsignorino asistente de un alto cardenal de la Curia. Un hecho aberrante que indigna y avergüenza, y nos enfrenta una vez más a un problema al que debemos, como cristianos, tratar de encontrar una explicación, si es que existe. [Nobleza obliga, este procedimiento de la gendarmería no habría sido posible sin la autorización expresa del Santo Padre. Un gesto que lo honra]. Lo cierto es que la Iglesia enfrenta miles de casos reales de abuso sexual y conducta homosexual por parte del clero. ¿Cómo ha podido ocurrir semejante situación? La impresión que tengo es que quizás sea también éste el “humo de Satanás” que Pablo VI anunció que se estaba filtrando en la Iglesia. No solamente nos encontramos en un proceso de creciente asfixia por la humareda que despide la homosexualización agresiva y militante de la cultura occidental, sino que también lo olemos, como al azufre, en el Templo. 
La Iglesia está integrada por hombres y, por tanto, es pasible de todos los pecados que los hombres pueden cometer. Sea la pederastia, sea la homosexualidad, son realidades que siempre existieron entre los miembros de la Iglesia. Y sobre esto hay abundantes testimonios y estudios serios. Desde la carta de San Pedro Damián al papa León IX titulada Liber Gomorrianus contra nefandum sodomiae, del siglo XI, hasta los escándalos de pedofilia y encubrimiento que rodearon al P. Stefano Cherubini, sucesor de San José de Calasanz como general de los escolapios en el siglo XVII. Pero en los últimos años, concretamente a partir de los ’80, nos hemos visto inundados de una marea que parece incontenibles de casos, a cual más espantoso, de pederastia y sodomía de sacerdotes e, incluso, de obispos. Si en otros momentos de la historia, estas prácticas existían, siempre estuvieron muy acotadas, fueron muy puntuales y, en general, se las trató con la máxima severidad. Pero en algún momento más o menos reciente, algo ocurrió; se desplomó una barrera o se quitaron los filtros. Lo cierto es que la cosas cambiaron. 
Sin pretender ninguna originalidad ni mucho menos ser exhaustivo, propongo aquí algunas ideas que ayuden a armar el doloroso rompecabezas:
  1. Falta de respuesta adecuada por parte del Vaticano: El Papa Benedicto XVI reconoció este hecho en septiembre de 2010: la Iglesia no fue lo suficientemente vigilante o no tuvo la pronta respuesta que correspondía frente a estos casos. Él mismo redujo al estado laical a cuatrocientos sacerdotes por estos comportamientos. Sin embargo, yo creo que no fue suficiente un reconocimiento de falta de vigilancia o de celeridad. Faltó castigo severo. Se optó durante décadas por cambiar de destino al sacerdote involucrado como si eso fuera suficiente o, en casos más graves y notorios, se lo recluía en un Cottolengo, como ocurrió con Mons. Macaronne, o en un departamento de Génova rodeado de tres servidores y con libre acceso a Internet, como ocurrió en otro caso. ¿Es que no había castigos más duros? Hace dos días, la Iglesia Ortodoxa en América, destituyó a un obispo auxiliar por cuestiones relacionadas con su conducta sexual, reduciéndolo al estado de “monje lego”, lo que en la práctica significa que el ex Mons. Ireneo terminará sus días en algún monasterio rumano limpiando chiqueros y cortando el pasto. 
  2. Falla en la formación de los seminarios. No en vano los casos de abusos comenzaron a revelarse en sacerdotes que habían sido formados en la década de los ’40, es decir, cuando todo en la Iglesia comenzó a revolucionarse y terminó en el Vaticano II. Y no me refiero a “fallas” en la doctrina: los seminaristas de los ’40 y ’50 eran todos de “buena doctrina”, y podrían recitar seguramente varios párrafos de Santo Tomás en latín. La falla se dio en un insuficiente apoyo y formación emocional que los preparara para la vida del celibato en una sociedad que comenzaba a sexualizarse exponencialmente. Y también, a la falta de verdaderos padres espirituales que guiaran a los jóvenes en los duros caminos de la ascesis ordenada a la formación del hábito de la castidad.  
Hablando hace poco con mi querido amigo el Prof. Antonio Caponnetto, conveníamos en que muchas veces en los seminarios se asimilaba la virtud de la castidad lisa y llanamente a la continencia sexual, y ningún ser humano normal puede vivir bajo esa tortura. Dionisio, uno de los Padres, enseña cosas muy distintas sobre la castidad. Y tan hermosas, que saberlas y vivirlas otorgan felicidad. Una felicidad que en nada emparda a la esponsalicia o a la otorgada por la conyugalidad sacramental. El casto así aprendido y así vivido, en condiciones mínimas y básicas de salud física y mental, no necesita incurrir en ningún pecado contra natura, ni en ninguna aventura concorde con la natura. Esa castidad lo colma en serio. Es su genuina predilección. Lo sana, lo ennoblece y hasta lo hace fecundo. Porque la lujuria y la lascivia esterilizan, pero la castidad es prolífica. Por eso se preguntaba Caponnetto: ¿alguien les enseña a los seminaristas y a los curas lo que es la castidad? ¿Alguien les enseña el misterio del niño, de la mujer, del varón? No; en los seminarios los mandan a leer el documento de Aparecida. Y así estamos. 
Además, faltaron filtros, o lo filtros fallaron. ¿Hasta dónde se aplicarán en la actualidad las directivas de la Congregación para la Educación Católica de 2005, según la cual “no se puede admitir al seminario y a las órdenes sagradas a aquellos que practican la homosexualidad, que presentan tendencias homosexuales arraigadas o que apoyan la denominada cultura gay”?
  1. Exagerada confianza de los obispos en la psiquiatría. No resulta extraño que, cuando comenzaron a manifestarse estos casos, los obispos optaron por el traslado de parroquia del sacerdote involucrado y por ordenarle un tratamiento psiquiátrico. Fue un “error trágico”. Creyeron que con terapia se podía solucionar algo que era mucho más profundo y que comprometía las entrañas mismas del espíritu humano: la realidad del pecado y de la gracia.
  1. Escasez de sacerdotes y exceso de misericordina: En muchas diócesis, frente a la escasez creciente de sacerdotes, se prefirió que el abusador fuera destinado a otro trabajo confiando en su recuperación a fin de no perder “agentes de pastoral” y a fin, también, de ser misericordiosos con el pecador. Otra vez, se cometió un trágico error: era conveniente que un grupo juvenil se quedara sin asesor a que lo tuviera y se convirtiera en su abusador.

La noticia que leíamos ayer, que se titulaba “La gendarmería interrumpe una orgía gay con drogas en un departamento del Vaticano” y ocurría en un departamento situado en el Palacio del Santo Oficio. La noticia constituye no sólo un escándalo mayúsculo sino también un gran dolor a todos nosotros, los católicos. Nos estamos asomando a los abismos del Mal. Aquellos que fueron llamados a los oficios más santos, se entregan a sus propias concupiscencias, incapaces de controlarse. Abissus abissum vocat; “Un abismo llama a otro abismo” (Ps. 41, 8); quien comienza a deslizarse por la pendiente del vicio, difícilmente pueda detenerse. Y no hablamos aquí de un vicio cualquiera, sino de un vicio que clama al cielo, como siempre lo consideró la Iglesia.
“No queráis engañaros: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los afeminados, ni los sodomitas... han de poseer el Reino de Dios” (I Cor. 6, 9).

Nota filológica: San Pablo utiliza el sustantivo griego μᾰλᾰκός que se traduce correctamente como afeminado, pero que tiene una enorme amplitud semántica que converge en la idea de una persona moralmente débil e incapaz de autocontrolarse. Platón lo utiliza en República (556c) para referirse a aquellos “incapaces de resistir al placer y al dolor”. Una pintura exacta del hombre contemporáneo.

35 comentarios:

Anónimo dijo...

Wanderer, fijese que la letra sale publicada con un color claro que dificulta bastante la lectura. Esto también pasó con el post anterior.

Saludos,

Anónimo dijo...

The monsignorino is now in rehab, and after.......God only knows.

Anónimo dijo...

GASTON: el Prof. Caponetto se queda corto. Varios amigos curas, que dejaron los 60 atrás hace mucho, no recuerdan que se les hablara -en retiros y ejercicios- ni de la castidad como pura continencia. El tema no se toca. No existe.
Alguno recuerda la excepción de algún retiro -tampoco muchos- con el Opus. Más bien de continencia sin más pero es algo...
Un arzobispo español en ejercicio dice: "aquello de lo que no se habla termina por no estar en la conciencia"
Porque, si se fijan, en la predicación a los fieles pasa tres cuartos de lo mismo.

Anónimo dijo...

Si hubiera usted terminado de leer "La casa azotada por el viento" de Malachi Martin comprenderia mas claramente el presente post.
Saludos

Anónimo dijo...

Genial

Anónimo dijo...

cuando muera todo lo que está podrido, quedará lo bueno.

Faltaría separar bien lo podrido de lo sano, no sea que la podredumbre se extienda y destruya lo que queda de bueno.

Anónimo dijo...

Está cuestión horripilante posee diversas aristas en su poliedro polifémico: antropológicas, sociológicas, eclesiológicas, jurídicas, canónicas, psicológicas, Mmrales, éticas, clínicas. Y de seguro me faltan aspectos al enunciarlos. Al ser su expresión pantagruélica, requiere sin duda alternativas de solución que exigirán un nivel de capacidades y recursos que sólo será cristalizado si los dicasterios competentes y las conferencias episcopales bregan contestes en pos de subsanar y prevenir el horror de estos crímenes.

Anónimo dijo...

Este es un buen momento para traer a colación la carta "Sobre la Castidad" del Padre Leonardo Castellani. Como en tantas otras cosas, el Padre veía con antelación (año 1946) lo que todos nosotros tardaríamos varias décadas en poder ver. En dicha carta, el Padre Castellani decía:
“Algunos son eunucos, porque así los hizo la naturaleza” – dice Cristo. Estos los llama la ciencia: impotentes, frígidos, asexuados, insensibles o misóginos.
Si lo son físicamente, la Iglesia no los admite a las órdenes sacras: Vermeersch enseña que el espíritu de esta prohibición se extiende a los que sonlo psíquicamente: en efecto, el sacerdote de Cristo debe ser varón cabal, y más en estos tiempos.
Ayer estuve en el tranvía con un sacerdote a cuya ordenación yo me opuse, guiado por el infalible instinto de sus compañeros, que lo embromaban en recreo, a pesar de que era buenito e inteligente. Lo ordenaron lo mismo. Se llama...
Es un feminoide. Ha armado un batifondo fenomenal primero en el Hospital Clínicas y luego en la Curia. Ahora tiene un enredado pleito con el Arzobispo, y pretende que los fieles tienen el deber de alimentarlo, con sólo decir él la misa, porque "es un sacerdote casto".
Yo creo como psicólogo 1°) que dejará de serlo, 2°) que no tiene arreglo, 3°) que seguirá molestando hasta que se muera. Embrómense, porque no me hicieron caso.
Pues bien, hay casos de ésos en nuestra Provincia, primeramente, porque estando desajustado y en manos de ineptos el sabio aparato de selección que creó San Ignacio, se cuelan muchos eunucos primera clase incluso en la profesión solemne; y segundo, porque la educación de la castidad deficiente que esta Provincia nos da origina en algunos una “represión exagerada” que los pueriliza para toda la vida, mutilándolos como hombres.

Profético.

Wanderer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Habría que tomar la "noticia" con pinzas. Basta una lectura atenta de la misma y luego de las versiones que se suceden para notar que hay cosas que no cuadran. Por ejemplo, algunos indican el nombre del cardenal del cual el "sujeto" sería secretario, otros lo dejan en la oscuridad. Otros dan a entender que se le llevó al sacerdote implicado a una clínica psiquiátrica y luego a un lugar de retiro. ¿Todo en dos días? Y si la policía entra en un lugar así, ¿nadie en la calle se dio cuenta? En otros lugares leí que la noticia era vieja (y falsa?) y ahora "resucita". Si alguien tiene calma podría ir detrás de las "fuentes", comparar versiones, y moverse con prudencia.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 16:13,
según entiendo se trata de un departamento que está dentro del Estado Vaticano. En ese contexto, ¿que sería 'la calle'?.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 16:13: Tiene usted razón que todas las noticias de este tipo, propaladas por los medios actuales, deben ser tomadas con cautelas. Por regla, yo trato de leer varias fuentes, y lo mismo hice en este caso.
Aquí fue más fácil porque la noticia la publicó ayer un solo medio: "Il fatto quotidiano" que es un diario italiano. Una noticia de estas características no se publica sin haber sido chequeada porque está en juego la reputación del medio, y eso constituye ya una garantía inicial. Y, sobre todo, si fuera falsa, habría sido desmentida por la Santa Sede, que no ha hecho comentarios, y se sabe lo que significa el silencio Vaticano.
De esta fuente abrevaron todos los medios, y es por eso que aparecen las distorsiones secundarias que usted enumera:
1. Algunos nombran al cardenal y otro no porque tienen mayor o menor espacio en sus páginas, o porque lo consideran más o menos relevante.
2. La noticia original dice que se lo llevó a la clínica Pío XI para desintoxicarlo (estaba drogado) y, posteriormente, lo enviaron a hacer un "retiro espiritual" a una casa religiosa.
3. El hecho se dio a conocer ayer, pero ocurrió hace algún tiempo. Eso no se aclara, pero seguramente serán algunas semanas atrás.
4. No. Nadie se dio cuenta. El hecho ocurrió en un departamento del Palacio del Santo Oficio que se encuentra a la derecha de la basílica vaticana, atravesando la columnata. La entrada principal de edificio da a una piazza que es territorio italiano; las otras entradas se abren a territorio de la Santa Sede. Era el lugar perfecto. Los invitados a las festicholas entraban por la puerta principal y no debían atravesar los controles (al menos tres) de la Guardia Suiza y de la Gendarmería pontificia. Fue este cuerpo policial el que los descubre ingresando desde atrás del edificio, es decir, desde territorio vaticano en el que sólo habitan personal de la Curia. Por lo que nadie vio nada, y si vio, no habló. [Esto no es invento mío. Aparece en la noticia original]

Anónimo dijo...

Acá está la noticia como apareció en "Il Fatto Quotidiano", firmada por Francesco Antonio Grana:
Il Fatto Quotidiano

Monsignore Achille dijo...

Signore Wanderer:
Como usted es muy dado al juego de las semejanzas y diferencias, le mando un nuevo caso.
Quizás recuerde que en 2014, se detuvo en la frontera francesa a un Mercedes Benz, propiedad del cardenal argentino Jorge Mejía, con un importante cargamento de droga. La explicación la dio el secretario del purpurado: él le había prestado el auto a un "amigo" que era quien lo había utilizado para el contrabando. Caso cerrado.
La noticia que usted comenta tiene por protagonista también a un "secretario" cardenalicio, esta vez del cardenal Coccopalmiero, uno de los obsecuentes más renombrados del Papa Francisco. Y aparecen dos detalles curiosos que han hecho mucho ruido en los pasillos de la Curia romana: el secretario vivía en un departamento que sólo podía ser ocupado por prelados de alto rango. Un simple monsignore como él, o como yo, somos afortunados si podemos conseguir un cuartito en Santa Marta. ¿Cómo es entonces que él consiguió ese lugar para vivir? ¿Qué influencias movió?
Y más aún, era propietario de un automóvil BMW con patente de la Ciudad del Vaticano, lo cual le da cierta inmunidad para circular por las calles de Roma, pero esa patente sólo pueden obtenerla los altos prelados. Yo apenas si puedo manejar un Fiat Panda con patente italiana. Todos nos preguntamos de dónde sacó el dinero para comprarse un auto alemán y qué hizo para patentarlo en SCV.
En este sector de la Curia tenemos pensado proponer al Santo Padre que aconseje a sus cardenales cuidarse especialmente de sus secretarios y que, en lo posible, no los consientan tanto.

Anónimo dijo...

Mons. Achille,
unas observaciones menores: el auto del Cardenal Mejía detenido en la frontera franco-española fue un Ford. Y la explicación oficial fue que el Secretario del Cardenal lo llevó a un taller mecánico a reparar, y que los mecánicos incurrieron en abuso de confianza.
El auto del Cardenal Mejía

Anónimo dijo...

Tengo la somera impresión que los casos mencionados, secretario de Mejía incluído, abandonan los contornos de acciones meramente reñidas con la castidad para adentrarse en los pantanos de la criminología.

Anónimo dijo...

Mons. Achille,
algunos datos más sobre el asunto del Ford de Mons. Mejía. El Secretario de Mons. Mejía, Padre Luis Alberto Duacastella le dio el auto a un conocido suyo, un tal Luca Di Dio, para que este lo llevara al mecánico. Y de ahí en más se produjo el incidente. Al respecto, el Padre Duacastella dijo en su momento:
"Yo me acuso de imprudencia. Conozco a esta persona desde hace diez años, es un tipo que tuvo problemas, con antecedentes, pero si como sacerdote me tengo que alejar de la gente con problemas, no veo más a nadie. Incluso solía venir a casa y ayudarme a las noches con Jorge. Le tenía confianza, yo lo ayudaba y él trataba de colaborar. La humanidad es imprevisible, caí en las redes de una humanidad imprevisible y trataré de arreglar la cosa encargándome de Jorge", concluyó.
Padre Duacastella 1
Padre Duacastella 2

Wanderer dijo...

No me parece que sea demasiado relevante si el auto era un Mercedes o un Ford.
Mons. Achille nos podrá instruir, pero es probable que el cardenal Mejía haya optado antes de morir por una Iglesia pobre para los pobres.

Juan Vázquez de Mella dijo...

Lo de Calasanz, que ha copiado usted de alguna parte, cosa que me extraña mucho conociendo su rigor, ni es así, ni es cierto. Creo que debería citar la fuente de tal afirmación, ciertamente manipulada, por una señora inglesa que quiso enfangar hace unos años el caso con datos poco precisos. Aunque, un dato que es interesante en el caso Cherubini, es que fue la Curia Romana quien, desoyendo las denuncias, destituyó a Calasanz (no fue su sucesor, de hecho murió antes que él) para poner a Cherubini. Que la curia está infestada de feminoides lo sabe cualquiera que ha estado un tiempo en Roma... Y que Calasanz era un varón cabal, hijo de la Corona de Aragón y de lo más sano de nuestra Tradición hispánica, lo sabe también cualquiera que haya leído sus escritos.

Agustín dijo...

Wanderer, compartanos el texto de Dionisio al que se refiere.

Wanderer dijo...

Estimado don Juan Vázquez de Mella: he releído lo que escribí y no creo haber dicho algo que manchara a San José de Calasanz que, efectivamente y como usted dice, es un gran santo. Mi referencia fue a Stefano Cherubini que se las ingenió para lograr protección por parte de la Curia romana, apartar del cargo a San José, y en 1610 ser nombrado Superior General de los escolapios.
Sobre el caso, como usted sabrá, hay mucho escrito. Está el libro "Fallen Order: Intrigue, Heresy, and Scandal in the Rome of Galileo and Caravaggio", de Karen Liebreich, que no me gusta porque está escrito con mala fe y tratando de manchar a toda la Iglesia. Hay que reconocer, sin embargo, que recurre a documentos históricos que cualquier investigador puede consultar en el Archivo Secreto Vaticano. Lo que sucedió, sucedió, y está documentado.
La misma congregación de los Escolapios, en su Wiki-Pia, relata detalladamente el caso: http://wiki.scolopi.net/w/index.php?title=Stefano_Cherubini
Por tanto y una vez más, de ningún modo se me ocurría levantar la más mínima sospecha sobre San José de Calasanz, quien seguramente habrá sufrido enormemente la situación que le tocó vivir. Mi referencia concierne exclusivamente a Stefano Cherubini.

Alfredo Argento dijo...

Me uno a la petición de Agustín.

Anónimo dijo...

No recuerdo haber tenido en todos mis años de seminario aunque sea una charla formativa sobre la virtud de la castidad en un consagrado; tal vez una o dos veces me preguntó algún formador cómo andaba con la pureza.
Sí recuerdo muchas conferencias sobre Aparecida y cosas transcendentales de ese tipo.

La formación -lamentablemente- corrió por mi cuenta.


MB

Luis Alvarez Primo dijo...

Homoherejía, homomafia, homoideología. Todos estos temas y sus perversos modos de operar y manifestarse están estudiados y documentados exhaustivamente en la investigación que realizó--en base a inumerables archivos de la Iglesia-- durante cinco años el sacerdote polaco Dr Dariusz Oko de la Universidad Juan Pablo II de Cracovia, a instancias de varios obispos y cardenales, con la veña de Benedicto XVI, quien dijo al respecto: "Sí, es una gran crisis...De golpe tanta roña. Fue como el cráter de un volcán del que de repente sale una nube de roña, oscureciendo y manchándolo todo...". Pero Benedicto poco pudo hacer. Su impotencia se hizo patente cuando en la Sala de Audiencias Paulo VI los integrantes de un circo gay con el torso desnudo hicieron piruetas delante de S.S. sentado en su trono, rojo de vergüenza, sin saber a dónde mirar, rodeado de cardenales y un público invitado para la ocasión. Después de su renuncia, la homo-ofensiva se reanudó con el guiño de Francisco ( "quién soy yo para juzgar...") durante la primera parte del Sínodo para la Familia en Octubre del 2014 con la pretensión de que la Iglesia "debía reconocer los dones de las personas homosexuales" (es decir, en cuanto personas habituadas a las prácticas contranatura). El Cardenal Burke y el Cardenal Pell entonces dieron un rotundo parate a esa maniobra de la homoherejía, pergeñada entre otros por el teólogo que Francisco lee de rodillas, el siniestro Cardenal Walter Kasper, abanderado de la herejía judeo-cristiana, del diálogo católico/judío y líder del Grupo Sankt Gallen que instrumentó la llegada de Francisco

Anónimo dijo...

En determinado nivel de la curia vaticana la homosexualidad es un mérito. Esto se debe a que permite crear una relación de vasallaje que permite la autoprotección y el silencio. Estos círculos de poder o lobbies, a su vez, promueven el ascenso de sus miembros en el "escalafón". Ya BXVI nos hizo saber de los "lobos" que estaban al acecho de sus acciones y sospecho la imposibilidad de sanear toda esta podredumbre, ha formado parte de las razones por las que abandonó la Silla Pontificia. El Papa Francisco sabe de estos lobbies le apoyaron y le defienden. Por esto no mueve un dedo para hacer luz entre tanta oscuridad. En mi humilde opinión, no existe solución humana posible. La respuesta a cómo sanear la Iglesia debe provenir del Cielo.

Jim Osorio

Juan Vázquez de Mella dijo...

Sí, tiene usted razón. Al leer su entrada imaginé la fuente, conozco también el libro de Karen Liebreich y una ámplia respuesta que publicó el P. Severino Giner, el mejor biógrafo de Calasanz, en la revista Archivum Scolarum Piarum. El tema es que en Fallen Order se culpa a Calasanz y a la Orden de encubrimiento cuando, más bien, fue la Curia, quizá una vez más, la que desoyó las denuncias de los mismos escolapios. Únicamente quería trasladar el foco, que la autora sitúa directamente en la Orden de las Escuelas Pías, al autor principal de dicha decisión: el Santo Oficio.
Gracias Wanderer por la aclaración y por su contestación. Y por permitir la mía.

Anónimo dijo...

La orgía homosexual con drogas ocurrió hace dos meses. Durante todo este tiempo se ha ocultado. Y al acusado lo mandan primero a un hospital y luego a un convento. Muy diferente al trato que se dio al affaire del P. Vallejo Balda: desde el minuto 1 en la picota, prisión preventiva durante meses, portada en los medios de comunicación... Tengo claro a qué se debe la diferencia de trato, pero ¿no debería hacer algo el Santo Padre para evitar tal agravio comparativo? Si a alguien le sirve de ilustración: http://www.religionenlibertad.com/video/algo-turbio-tras-el-caso-del-cardenal-pell-36895.html

Carlo - dijo...

Como Alfredo, también secundo el pedido de Agustín.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Müller fired and Ladaria at the Cdf, don't know if it's a good news.

Wanderer dijo...

Estimados Agustín y Alfredo Argento: Dionisio escribe en De divini nominibus: “... honrando por una parte lo oculto del Principio de Divinidad, que está sobre la inteligencia y la esencia, con inexorable y sagrada piedad de inteligencia; y por otra, lo inefable con casto silencio, nos elevamos sobre los esplendores que nos iluminan en las Sagradas Escrituras” (I, 3).
Al comentar este pasaje, Santo Tomás de Aquino dice: “... et venerantes indicibilia deitatis casto silentio, quod quidem dicit, quia occulta per hoc veneramur quod ea non scrutamur et ineffabilia per hoc quod ea silemus; et hoc quidem ex sanctitate et castitate animi provenit, non se extra suas metas extendentis;...”. (De divinis nominibus, cap. 1 l. 2).
Y sobre estos pasajes, el Prof. Emilio Komar, decía: “Santo Tomás, comentando a Dionisio Areopagita, gran padre de la Iglesia Oriental, dice: porque lo oculto lo veneramos al no escrutarlo, lo inefable al callarlo, y esto proviene de la santidad y castidad del ánimo que no se extiende fuera de sus metas. Ésta es la definición del concepto antiguo, original de la castidad: no extenderse fuera de sus metas. Hegel diría: concederse únicamente a la cosa olvidándose del propio hacerse valer. La palabra castus-a-um, tiene la misma raíz del verbo castigo-are. Castigar no significa en primer lugar aplicar una pena, como se entiende hoy. Significa rectificar, enmendar, reducir a lo que debe ser. Si para esto hace falta la pena, lo que hoy llamamos castigo, entonces se castiga, pero en sí mismo se trata simplemente de reducir una acción, una expresión a lo que debe ser. En este sentido se lo usa en un lenguaje más docto y se habla por ejemplo de un estilo muy castigado en el arte de la música, que no hace concesiones a exuberancias, un estilo en el cual no sobra ni falta nada, un estilo fuertemente disciplinado. Pensemos, por ejemplo, en la música romántica de Beethoven. Mientras hay otros románticos que se permiten grandes desahogos sentimentales, la música de Beethoven en cambio es fuertemente disciplinada, una gran emoción, pero mantenida dentro de límites estrictos, lo cual otorga a ciertas frases musicales una tremenda fuerza. Nada disminuido ni mutilado, sino reducido a lo que debe ser, sin conceder indulgencias al exceso.
En este sentido lo usa Santo Tomás cuando dice: Castidad del ánimo que no se extiende fuera de sus metas. Las metas en el conocimiento y en el afecto están dadas por la realidad misma. Nosotros estamos a esta altura del siglo XX demasiado impactados por ciertas psicologías sexualistas y pansexualistas, de algunos freudismos e irracionalismos, entonces la castidad, hasta en el campo cristiano y religioso, se entiende en un sentido marcadamente negativo, como abstención, y no se aprecia el aspecto positivo. El sentido antiguo es muy positivo, porque no existe nada fuera de lo que es. ¿Y qué es lo que enardece nuestro amor y nuestro entusiasmo? Es la bondad y la belleza de las cosas. La bondad coincide con el ser, las cosas son buenas dentro de lo que son, la bondad no es algo agregado a lo que es la cosa es. La bondad de un ser está presente en el ser mismo y hay que descubrirla allí. Ser y ser bueno son la misma realidad. Si la bondad y belleza son algo propio de la realidad, del objeto amado, en la medida que más nos ceñimos a él, que más lo penetramos, que captamos su valor y experimentamos su sentido, nuestro amor es más recto y se alimenta de una fuente segura, que es la bondad y la belleza del objeto amado”. (El silencio del mundo, c. 2: “La castidad como silencio”, Buenos Aires: Sabiduría Cristiana, 2006, p. 25.

Anónimo dijo...

Que pena que sea imposible encontrar ningun libro del profesor Emilio Komar aqui en España,y que tampoco distribuyan por aqui los de la editorial vortice.Y lamentable tambien, que ninguna editorial se atreva a publicar los Zibaldone de Amerio en castellano

Anónimo dijo...

Apartir de los años sesenta, muchos autores racionalistas y modernistas empezaron a negar abiertamente la existencia del diablo y a publicar libros sobre este tema. Los principales son: Hebert Hagg (de la universidad católica de Tubinga) cuyo primer libro se editó en alemán en 1969 y fue traducido al italiano en 1973 por la editorial Queriniana de Brescia bajo el título La liquidación del diablo. En 1976, la editorial Mondadori de Milán publicó un segundo libro de Hagg, escrito en 1974, titulado La creencia en el diablo.

La misma doctrina sobre la no-existencia del diablo fue retomada en Holanda por el P. Schoonenberg (quién más tarde sería cardenal y coautor delCatecismo de la Iglesia Católica de 1992) y que escribió un libro en 1968, que apareció en italiano con el título Ángeles y diablos (Brescia, 1972). Además, un teólogo americano, Henry Ansgar Kelly, escribió en 1968 el libro traducido al italiano en 1969 titulado La muerte de Satanás (Milán, Bompieni); un psicólogo de la Universidad de Friburgo en Brisgovia, Johannes Mischo, se ocupó de la misma cuestión en un artículo de la revista Concilium n. 3 de 1975 y finalmente, en 1978, Walter Kasper y Karl Lehmann (después, ambos llegarán a ser cardenales), escribieron un libro publicado en italiano en 1983 con el títuloDiablo, demonios, posesión, (Brescia, Queriniana). Para una refutación de estas teorías heréticas cfr, Corrado Balducci, El diablo (Casale Monferrato, Piemme, 1988, pp. 83-166).
Sin embargo, más allá de la proclamada “muerte del diablo”, Satanás impera hoy, más que nunca, en el mundo moderno.
.....




La Beata Anna María Taigi (cit., vol. 3°, pp. 886-890) ha tenido las mismas visiones y, especialmente, sobre el juego de los sectarios para engañar a los cardenales bajo el Papa Gregorio XVI, con el fin de destruir el Papado remplazándolo con una “nueva iglesia de las tinieblas”, abatir los dogmas y sincronizar todas las creencias religiosas. La mayor parte del clero era seducida por las tinieblas. Sin embargo, gracias al socorro de María Santísima, la Iglesia habría prevalecido sobre ellas. La Beata incluso ha visto a San Pedro elegir a su sucesor, después del aplastamiento de la secta infernal que había maquinado la obra de demolición de la Iglesia.


http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/12/la-teologia-de-la-muerte-de-satanas.html

Anónimo dijo...

La Iglesia Católica se supera a sí misma todos los días. ¿Cuánto falta para que asumamos que somos más bien la Iglesia Satánica Romana?.
Por ejemplo, aquí tenemos a San Antón de Madrid, o la Parroquia del Orgullo Gay:
La Parroquia del Orgullo Gay

Anónimo dijo...


Nihil novum sub sole

Ya lo denunciaba S. Pedro Damian en el S.X.

Urge traducción española del Libro de Gomorra.

Tribunus Plebis.